Caray, menuda mujer!! - exclama Putin observando a la Premier ucraniana* . Anatoly Beliaev, experto del Centro de Coyuntura Política de Rusia, traza una semblanza del nuevo Gobierno ucraniano, construído tras la entronización de Víktor Yuschenko y Yulia Timoshenko, y lo hace en términos que no por previsibles dejan de mostrarnos un perfil inquietante: "es muy probable -dice refiriéndose al estratégico e inconcluso programa de privatizaciones- que las nuevas autoridades inicien un proceso de nueva repartición de la sociedad; no tanto en favor de la facción naranja, carente de solvencia para participar en grandes transacciones, cuanto a favor del capital extranjero. Así los nuevos gobernantes, además de minar las posiciones económicas de sus adversarios, van a recompensar la ayuda occidental recibida antes, durante y después de la triunfante revolución". . Es ésta una política perfectamente predecible, por cuanto los nuevos dirigentes ucranianos pretenden integrarse en las estructuras euroatlánticas lo antes posible.
Personalmente, dudo muchísimo de la viabilidad práctica de semejante propósito –no de un reforzamiento progresivo de la cooperación entre las partes. La distancia objetiva que propiciaba el desentendimiento entre Bruselas y Kiev –o el no entendimiento, para ser más precisos- no ha desaparecido por el simple hecho de que Yuschenko sustituya hoy a Leonid Kuchma en el poder. Media Ucrania se sabe a si misma más rusa que europea, y la otra media lo es –o es otra cosa diferente-, pero pretende desconocerlo. Además, la actividad económica del país no sólo depende extraordinariamente del gran mercado ruso, que constituye su fuente principal de abastecimiento y el primer destino de cuanto produce, sino que la titularidad de gran parte de su tejido empresarial más solvente está en manos del capital ruso, sin cuyo concurso a lo largo de los trece últimos años sería muy otro el panorama actual. Muy otro y bastante menos optimista.
Obviamente, Moscú debe aceptar la nueva realidad y obrar de un modo pragmático. No obstante, dispone de recursos sobrados para compensar o frenar la creciente presión ejercida por la facción política gobernante y sus aliados políticos y económicos occidentales para situar a Ucrania al margen de su esfera de influencia. Esa dependencia objetiva del mercado ruso a la que acabamos de aludir supone un contrapeso decisivo para llevar a buen puerto la defensa de los intereses empresariales rusos en el país. Pero hay más.
 Aunque no lo parezca, acababan de ganar las Elecciones Presidenciales . En medio de un persistente toque de humor ruso, tan fino y punzante amenudo, Anatoly Beliaev sugiere que “el Kremlin tiene que desarrollar las relaciones con Ucrania, que tanto anhela ser independiente, como con cualquier otro socio extranjero. Ello significa, de entrada, negar a Ucrania los privilegios otorgados hasta la fecha en calidad de partenaire favorito de la CEI. En primer lugar, comenzar a venderle a precios europeos –que son un 100 ó un 150% más elevados- nuestros productos energéticos, y establecer un marco más riguroso para el movimiento de mercancías, servicios y mano de obra entre nuestros respectivos países. De este modo, Rusia estará ayudando al Ejecutivo de Kiev a llevar a la práctica su idea de independencia absoluta. El futuro dirá en qué grado está preparado el nuevo Gobierno ucraniano para operar bajo tales circunstancias”.
Si el tandem Yuschenko & Timoshenko no actúa con la prudencia y mesura que corresponde a la situación actual, y Moscú decide endurecer su se-cularmente dúctil postura en relación al país hermano, es previsible que los ucranianos comiencen a experimentar el precio real de ser soberanos –lo que no es tan simple como haber pactado ciertas demarcaciones fronterizas y cambiado algunos emblemas en los uniformes militares. Y si Yuschenko y su Primera Misnistra confían en que Occidente asumirá la financiación de una segunda transición, llevada a cabo al margen de Rusia, van a sufrir una decepción rayana en el trauma.
Como suele decir un buen amigo inglés que conocí en Moldavia, refiriéndose al furor europeista de algunos políticos que parecen haber olvidado sus raíces, “se van a enterar estos chicos de lo que es el Capitalismo!”. . |