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Yuschenko o la erótica del Poder [I]
La cuestión es: ¿compensa?
Víktor Yuschenko, Presidente de Ucrania [imagen: © Коммерсантъ]
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Decimos que algunas personas dedicadas a actividades fuera de lo común son de otra pasta. Un piloto de Fórmula 1, por ejemplo, derrapa con su bólido a 250 km/h., o más, se rehace del susto en una fracción de segundo y continúa acelerando a fondo; como si nada destacable acabase de suceder. Sin duda, una pasta especial es lo que diferencia a este personaje del conductor medio, quien, tras un pequeño trompo en carretera al atravesar una placa de hielo o una mancha de aceite, detiene el automóvil y respira profundamente, preguntándose en medio de su taquicardia qué diablos ha sucedido y cómo es que aún continúa vivo.

Si abandonamos el escenario del motor para adentrarnos en el de la política, también tropezaremos con individuos de otra pasta. Claro que ahora los matices son muy distintos, desvelándose en medio de una aritmética cuya esencia consiste en que tres más dos raramente suman cinco [si es que lo hacen alguna vez].

Víktor Yuschenko, quizá el único ucraniano del que los occidentales guardan cierta memoria reciente, lucha hoy contra rivales dispuestos a todo para despojarle del podium [en la Formula 1, por el contrario, el fin nunca justifica los medios]. Nuestro hombre representa un obstáculo para la facción opositora que perdió las elecciones en Enero –todo normal hasta ahí- y también para buena parte de su propia coalición electoral, sin otra marca de identidad que la de tener un enemigo común en los pasados comicios. Ahora, ganada la batalla de las urnas, salen nuevamente a flote las diferencias y rivalidades de siempre, aderezadas con el morboso ingrediente de una pugna constante para obtener ventajas en el reparto de cuotas de poder.

Yuschenko era el único político capaz de desbancar al candidato oficialista promovido por Leonid Kuchma -el Presidente saliente- y avalado por Moscú [me refiero a Víktor Yanukovich].

Eso de que Yulia Tymoshenko disponía de opciones verosímiles para triunfar en solitario, es una solemne majadería fruto de la mente calenturienta y desinformada de algunos Periodistas occidentales, posiblemente deslumbrados por el empaque de la dama –que nadie discute. Cierto que gozaba de gran popularidad –incluida la de ser inmensamente rica en base a una retribución de funcionaria, tener varias causas criminales abiertas, etc-, y que hizo grandes aportaciones a la Campaña de quien tenía más respaldo popular que ella y más fundamento en todos los órdenes para aspirar al trono. Hasta ahí. Punto. Yuschenko era el titular del verdadero peso específico: el que se deriva de la credibilidad, la experiencia y las manos limpias.

Y sucede que poco antes del arranque oficial de la Campaña electoral, culminada con las votaciones del mes de diciembre, posteriormente invalidadas y repetidas en enero pasado, alguien decide eliminarle físicamente y envenena su cena. Pero Yuschenko sobrevive, presa de incesantes dolores de etiología múltiple y tan deformado y degradado físicamente, que su clásica imagen de hombre atractivo resulta ahora disuasoria para las más de sus antiguas admiradoras, que eran legión [sólo hay que cotejar las dos imágenes que ilustran este post].

En la próxima y última entrega intentaré exponer, sin señalar explícitamente a nadie -y no por falta de ganas-, mi teoría de la conspiración para liquidar a Yuschenko. Ese gran embrollo, que muy probablemente nunca lleguemos a desvelar con certeza, está en la base misma de mi reflexión de cabecera sobre la erótica del poder [en el caso que hoy nos ocupa].
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