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Ucrania tras las elecciones: 1+1=3 ... o más!
Yulia 2026
Yulia Tymoshenko, eterna enamorada del poder [ficción fotográfica - ampliar]

Un niño de ocho años mostraba orgulloso su pene a una niña de idéntica edad. "Mira lo que tengo! -le decía, jactándose como un pavo real-. Chínchate, que tú no tienes!"

Ella, pequeña, pero resuelta, levantó su falda sin más preámbulos y se bajó las braguitas hasta dejar su sexo al descubierto. Entonces, miró a su amiguito con gesto de "ahora vas a saber lo que vale un peine", y sentenció la cuestión: "¿Ves lo que tengo aquí? Pues dice mi mamá que con esto tengo de esos todos los que quiera".

Concluido finalmente el escrutinio correspondiente a los comicios parlamentarios del pasado domingo, es ahora cuando de veras comienza la función en Ucrania. Y aunque el Partido de las Regiones ha ganado netamente -un triunfo que vale doble, pues todos daban por difunto a su líder, Víktor Yanukovich, tras el fiasco de las elecciones presidenciales-, un tercio de los sufragios no basta para contrarrestar la aritmética que sus rivales pondrán en juego [idéntica aritmética a la utilizada por la niña, en la parábola de cabecera, para devaluar la optimista posición de su amiguito].
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Corren ya ríos de tinta pretendiendo arrojar alguna luz sobre qué solución de Gobierno resultará triunfadora finalmente; de modo que me abstendré de teorizar, pues con ello no aportaría nada. Tengo muy clara la idea, personalísima, de cuál sería la menos inconveniente de las posibilidades en liza. Sin embargo, lo conveniente y lo evidente no son forzosamente dos escenarios de una misma acción, y no apuesto por ello [aunque me gustaría].
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Insisto en el concepto menos inconveniente porque, a la vista de lo que se cuece en el zoo político ucraniano -zoo, sí-, cualesquiera pactos que lleguen a concretarse entre los aspirantes serán contratos entre depredadores obligados a compartir el territorio de caza como mal menor. Por supuesto, compromisos así tienen tantas expectativas de vida como un caramelo a la puerta de un colegio.
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Me tomaré con calma, pues, la tarea de estudiar pronósticos ajenos, ya que nada va a resolverse en breve. Sólo me gustaría destacar que, a la hora de hacer quinielas, no deberíamos olvidar que George Bush y Vladímir Putin son jugadores destacados [destacadísimos]. De hecho, los responsables de la Diplomacia rusa y estadounidense -Sergey Lavrov y Condoleezza Rice, respectivamente- estarán muy ocupados durante las dos próximas semanas instruyendo a sus aliados locales sobre la mejor manera de salir airosos del trance; trampas incluidas, of course [o sobre cómo minimizar los daños, llegado el caso].
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A continuación, para ir ambientándonos, extracto textualmente dos párrafos de un intersante análisis que firma Viacheslav Igrunov, Director del Instituto Internacional de Estudios Político-Humanitarios, de Moscú:
... A Yuschenko le resta sólo decidir quién de los nuevos ganadores – Tymoshenko o Yanukovich – proponga condiciones más aceptables del armisticio. Mas por otra parte, también en ello su libertad de opción se ve limitada. Por más que quisiera renunciar a la molesta amistad que le impone Yulia Tymoshenko, carece de argumentos para negarse a reanimar la coalición “naranja”. En caso de que, sin tener motivos justificados, Yuschenko se niegue a unirse con Tymoshenko que le lleva doble delantera, correrá el riesgo de acabar por quedar sin electorado, y la carismática «pasionaria ucraniana» se pondrá al frente de una inminente oposición masiva. Valiéndose de su característico estilo autoritario-populista, Tymoshenko está en condiciones de consolidar en torno suyo la mayoría de la población cansada del caos político y llegar a ser, tarde o temprano, una especie de “Putin de Ucrania” ...
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... Sin embargo, al unirse con Yanukovich y asegurarse la mayoría en el Parlamento, “Nuestra Ucrania” no obtendrá ninguna garantía de paz. Por raro que parezca, hablando en forma objetiva, a Yuschenko le hubiese convenido una victoria más convincente de Yanukovich, pues en tal caso tendría todas las razones para “conformarse con lo inevitable” y conceder el cargo de Primer Ministro a esta figura compromisoria, asegurando la coexistencia pacífica del Oeste y el Sureste del país; coexistencia que sería tanto más estable cuanto más convincente fuese la victoria del Partido de las Regiones. Si en estas circunstancias Yuschenko se niega a coaligarse con Tymoshenko –siquiera provisionalmente–, no sólo perderá el apoyo de sus propios electores, sino que alborotará las filas de los partidarios de Yanukovich y creará las premisas de una inestabilidad política en medio de la cual Tymoshenko se desenvuelve como el pez en el agua.


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